Estados Unidos incautó al menos dos buques vinculados a Rusia que intentaban evadir sanciones internacionales para transportar petróleo venezolano, en una operación que elevó de forma significativa la fricción diplomática con Moscú y tensó el escenario geopolítico global.
Uno de los barcos involucrados es el petrolero conocido originalmente como Bella 1, que posteriormente adoptó el nombre de Marinera. La embarcación, identificada como parte de la llamada “flota oscura”, navegaba sin carga con destino a Venezuela para recoger crudo, con el objetivo de eludir el bloqueo impuesto por Washington al comercio petrolero venezolano.
De acuerdo con información confirmada, la Guardia Costera de Estados Unidos intentó abordar el buque el 20 de diciembre de 2025 en aguas internacionales del Caribe. La tripulación rechazó la inspección, argumentando una orden judicial de incautación por violación a sanciones, apagó los sistemas de identificación y huyó hacia el norte.
Durante la maniobra de evasión, el petrolero cambió de nombre, pintó una bandera rusa en el casco y fue registrado bajo pabellón ruso, con puerto base en Sochi. En paralelo, Rusia desplegó un submarino y otras embarcaciones para escoltar al buque, lo que incrementó el riesgo de una confrontación directa entre ambas potencias.
Fuentes estadounidenses citadas por el medio venezolano Efecto Cocuyo señalaron que la operación final de incautación se realizó sin resistencia significativa por parte de la tripulación. El desplazamiento militar en el Caribe, según esas versiones, no solo estuvo relacionado con Venezuela, sino que también buscó enviar un mensaje estratégico a Rusia y China.
Esta acción forma parte de una ofensiva más amplia ordenada por el presidente Donald Trump en diciembre de 2025, cuando instruyó el bloqueo marítimo de petroleros sancionados que transportan crudo venezolano, bajo el argumento de que esos recursos financian actividades ilícitas del gobierno de Nicolás Maduro.
En ese contexto, Estados Unidos ya había incautado el buque Skipper el 10 de diciembre y abordado el Centuries el 20 del mismo mes. El Marinera, además, cuenta con antecedentes de transporte de petróleo iraní y venezolano en violación de sanciones impuestas por Washington.
Actualmente, el petrolero permanece bajo control de las autoridades estadounidenses, mientras se define su destino final. La operación refleja el endurecimiento de la presión sobre el comercio petrolero sancionado de Venezuela, Irán y Rusia, en medio de un clima de crecientes fricciones internacionales.
Tras la captura de Nicolás Maduro el pasado sábado 3 de enero, Donald Trump afirmó que su intención es quedarse con el petróleo venezolano y aseguró que existe un acuerdo con el régimen para enviar entre 30 y 50 millones de barriles a Estados Unidos, aunque no precisó plazos. En 2025, Venezuela producía alrededor de un millón de barriles diarios.
Además, Trump exigió al gobierno encabezado por Delcy Rodríguez romper cualquier vínculo con países considerados enemigos de Washington, como China, Irán y Rusia.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia expresó su preocupación por lo que calificó como una atención “creciente y desproporcionada” de la Armada estadounidense sobre el petrolero ruso, señalando que un buque de la Guardia Costera lo persiguió durante varios días pese a encontrarse a unos 4 mil kilómetros de la costa estadounidense.
Moscú subrayó que espera que los países occidentales, que dicen defender la libertad de navegación en alta mar, apliquen ese principio en sus propias acciones.



















