CIUDAD DE MÉXICO.- La Selección Mexicana amaneció este lunes fuera del Mundial 2026, pero también frente a una transición inevitable: Javier Aguirre cerró su tercer ciclo como técnico nacional y dejó encaminada una nueva etapa con Rafael Márquez, quien heredará un equipo reconciliado con la afición, pero obligado a convertir la emoción del torneo en resultados de mayor jerarquía.
La eliminación ante Inglaterra dejó el golpe deportivo, pero la información del día se movió hacia el relevo en el banquillo y el balance del proceso. Aguirre defendió la actuación del equipo, asumió el cierre de su gestión y respaldó a Márquez como el perfil natural para tomar el mando de la Selección Mexicana.
El “Vasco” se va después de un Mundial que devolvió intensidad, identidad y conexión con la gente, pero no rompió la barrera histórica que sigue persiguiendo al futbol mexicano: competir bien ya no alcanza cuando el equipo vuelve a quedarse fuera antes de la zona decisiva.
El reto ahora será para Márquez, quien no recibirá una selección devastada, sino un grupo con base competitiva, jóvenes visibles y una exigencia pública más alta. Gilberto Mora, Erik Lira, Roberto Alvarado, César Montes y Johan Vásquez aparecen como parte de una estructura que ya no puede pedir tiempo indefinido.
México fue anfitrión perfecto, encendió al país y ofreció una imagen distinta frente al mundo, pero el futbol también dejó una factura: la emoción no sustituye el salto de calidad. La etapa de Aguirre cerró con dignidad; la de Márquez comenzará con una obligación mayor: hacer que esta generación deje de prometer y empiece a trascender.

















