APUNTES DE REPORTERO
MORENA: Advertencia a tiempo
David Monroy
No voy a decir nombres, porque más de uno se va a ofender, pero si Morena no aplica filtros reales rumbo a 2027 para evitar que se cuelen delincuentes de todo tipo (como muchos de los que vemos todos los días), toda su organización estará caminando hacia una crisis que ya se asoma y que incluso podría costarle el proceso electoral intermedio.
Estoy hablando del éxito electoral. Si la organización partidista y el perfil de los próximos candidatos son determinantes, también lo es, sin duda, la manera en que esta administración estatal logre asentar en la percepción ciudadana los avances —chicos, medianos o grandes— que alcance en el primer trienio.
Es decir, el destino de Morena Morelos dependerá en gran parte de los resultados que entregue esta administración, pero también de cómo y con qué intensidad los perciba el ciudadano. Al momento, se observa —como decía— un desorden partidista, y los resultados gubernamentales, aunque existentes, no terminan de “bajar” a los diferentes estratos.
Entonces, rumbo a 2027 estos dos elementos serán definitorios, pero también lo será lo que la ciudadanía perciba sobre cómo se está limpiando la casa. Dicho de otra manera: el resultado que pueda esperar Morena en 2027 dependerá en buena medida de la selección de candidatos.
Porque el problema no es únicamente electoral, es estructural. Morena no puede seguir operando bajo la lógica de abrir las puertas sin rigor.
Hoy existen presidentes municipales, legisladores, dirigentes, síndicos y regidores señalados por presuntos vínculos con la delincuencia organizada.
Ese desgaste que a nivel nacional ya golpea la marca del movimiento inevitablemente impactará en Morelos. Si el partido no corrige ahora, la factura no llegará en abstracto: llegará en las urnas.
Se requiere, sí, una sacudida en las estructuras gubernamentales para llamar a cuentas a quienes deban responder.
Pero también se requiere una depuración partidista seria: fortalecer filtros, revisar trayectorias, evaluar antecedentes y cerrar el paso a perfiles que comprometan la viabilidad electoral del proyecto.
Y es aquí donde la discusión deja de ser teórica y se vuelve orgánica.
La dirigencia estatal, encabezada por Mirsa Suárez Maldonado, tiene hoy una responsabilidad mayor que la simple administración cotidiana del partido. Morena necesita conducción estratégica, no administración del tiempo. Necesita organización, no simulación. Necesita una plataforma sólida rumbo a 2027, no agendas individuales.
Si la energía se dispersa en proyectos personales, alguien tendrá que asumir la tarea de pensar en el partido como estructura electoral. Porque alguien tendrá que presentar ante el electorado una oferta política limpia, competitiva y defendible. Y alguien tendrá que garantizar que el partido respalde —no estorbe— la segunda mitad del ejercicio gubernamental.
Morena requiere una reestructura real, no cosmética. Nuevos perfiles, reglas claras, conducción firme y criterios verificables para la selección de candidaturas. Los rumores sobre eventuales ajustes nacionales existen, pero mientras no se traduzcan en decisiones concretas, el tiempo seguirá corriendo.
Si el gobierno de Margarita González Saravia quiere que el segundo tramo de su mandato consolide lo avanzado en el primero, tendrá que acompañar esa consolidación con una limpieza política paralela.
No basta con ordenar la administración pública; es indispensable ordenar el partido. Porque en 2027 no solo se evaluará la gestión. Se evaluará también la coherencia.
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