WASHINGTON.- Donald Trump protagonizó un episodio de alto impacto político al recibir en la Casa Blanca a la dirigente opositora venezolana Corina Machado, en un encuentro marcado por gestos de desaire y una controversia que alcanzó incluso a la Academia del Nobel. El propio exmandatario estadounidense presumió públicamente que Machado le entregó su “Premio Nobel de la Paz” en reconocimiento a su gestión, quedándose con la medalla de oro que porta la imagen de Alfred Nobel.
La escena ocurrió en el Salón Oval, donde Trump celebró sin reservas el gesto y aseguró que la distinción le fue otorgada por su trabajo. La afirmación generó tal revuelo que la institución sueca responsable del Nobel tuvo que intervenir para aclarar que el premio es personal e intransferible, aunque el objeto físico pueda cambiar de manos.
La reunión estuvo rodeada de señales de desdén. Machado llegó al recinto presidencial sin ser recibida por Trump ni por integrantes de su equipo y fue ingresada por un acceso secundario, utilizado habitualmente por personal y empleados, tras pasar controles de seguridad. El encuentro se realizó a puerta cerrada, sin presencia de medios ni declaraciones conjuntas, a pesar de que se anticipaba un pronunciamiento sobre el futuro político de Venezuela.
Horas más tarde, la vocera presidencial Karoline Leavitt reforzó la distancia del gobierno estadounidense con la líder opositora al señalar que Trump considera que Machado no cuenta con el respaldo suficiente para encabezar una transición en su país. Dijo que se trata de una valoración basada en reportes del equipo de asesores y del aparato de seguridad nacional.
El episodio contrastó con declaraciones previas del propio Trump, quien un día antes había elogiado a Delcy Rodríguez, figura clave del chavismo, tras una conversación telefónica. Ese gesto confirmó que Washington mantiene abiertos los canales con el gobierno venezolano, al que el expresidente estadounidense definió como un interlocutor “espectacular”.
La incomodidad se extendió a otros actores regionales. Líderes de derecha en América Latina quedaron descolocados ante el giro de Trump, que pasó de exigir un relevo político inmediato en Caracas a moderar su discurso y privilegiar una relación pragmática con el chavismo. Incluso, desde Estados Unidos se relativizó la existencia del llamado Cártel de los Soles, una narrativa que algunos aliados habían adoptado con rapidez.
Pese al contexto, Machado ofreció breves declaraciones al salir de la Casa Blanca y calificó la reunión como positiva. Aseguró que confía en el respaldo de Trump para avanzar en la liberación de Venezuela. Sin embargo, la falta de cobertura oficial y el silencio institucional reforzaron la percepción de que el encuentro estuvo más ligado a intereses energéticos que a un respaldo político explícito.
De acuerdo con versiones surgidas en Washington, la Casa Blanca busca destrabar inversiones millonarias en el sector petrolero venezolano y necesita mantener abiertas todas las opciones. Trump requiere interlocución tanto con el chavismo, por razones de gobernabilidad inmediata, como con la oposición, ante la necesidad de ofrecer certidumbre jurídica a largo plazo a las empresas interesadas.
El objetivo central sería atraer hasta 100 mil millones de dólares en inversiones, aunque las petroleras se muestran cautelosas por antecedentes de expropiaciones y deudas pendientes. Casos como los adeudos millonarios con Exxon y ConocoPhillips pesan en la evaluación de riesgos. En ese contexto, la vocera presidencial admitió que habrá elecciones en Venezuela, aunque sin definir plazos claros, y subrayó la cooperación del gobierno interino con las exigencias de Estados Unidos.



















